Sobre los existenciales

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Para Heidegger el hombre es el único ser capaz de preguntarse por su propio ser y por el ser de cuanto lo rodea, por lo que su vida es la respuesta a una honda inquietud que brota de un quehacer diario en pos del ser y de los modos de ser de todas las cosas. Y como el ser del hombre es el existir y éste viene limitado por la muerte, el hombre tiene que preguntarse por el sentido de la muerte. Y como nos trajeron a este mundo arrojándonos a él sin preguntarnos nada, tenemos que pensar en el sentido de este estar arrojados. Y como nuestro existir es en realidad un coexistir con otros seres idénticos a nosotros, tenemos que preguntarnos por esta coexistencia. ¿Y en qué se asienta el ser del hombre que se hace estas preguntas?

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Física y Deporte

Las marcas en el deporte mejoran constantemente gracias al esfuerzo humano y a los nuevos diseños y materiales. Largas horas de entrenamiento, mejores ropas y calzado, nuevos motores o nuevas pértigas y raquetas convierten el deporte en un espectáculo extraordinario. Pero hay algo que permanece inmutable a lo largo de los años, que son las leyes de la Física que lo rigen. Por qué la trayectoria de un balón de fútbol tiene un recorrido tan especial cuando se lanza el balón con efecto, por qué un coche hace un trompo o las piruetas de un avión pueden explicarse por las leyes de la Física. Veamos cómo algunas de estas leyes se aplican a la navegación a vela, que es un deporte que requiere una gran pericia.

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El hedonismo

Ya en tiempos de Platón y Aristóteles surgen en Grecia unas escuelas filosóficas que no buscan hacer filosofía entendida como ciencia, sino establecer unas normas para la existencia humana, más o menos filosóficas, más o menos morales, que permitan a los hombres y a las mujeres ser felices. Para ellos una filosofía que no cure las heridas del alma no tiene ningún valor, porque el último fin de la actividad filosófica tiene que ser la felicidad del ser humano. Dos de estas escuelas buscaron la felicidad a través del placer y con ellas nació el hedonismo.

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Los Valores

El tema de los valores aparece por primera vez con cierta notoriedad en la historia de la filosofía dentro de la ética del pensador austríaco Franz Brentano (1838-1917). Para Brentano la estimación que nosotros sentimos por las cosas no está fundada en un acto subjetivo nuestro, sino que se basa en la bondad o maldad de las cosas mismas. Cuando percibimos una cosa como buena nos sentimos impulsados a estimarla, con independencia de que nuestra percepción sea acertada o no y con independencia de la conducta que sigamos a continuación. De esta manera Brentano fundamenta su moral en la objetividad.

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Fisión y Fusión

La radiactividad es un fenómeno en virtud del cual un núcleo inestable de un material pesado se va desintegrando y transformando en núcleos más estables y ligeros emitiendo en forma de radiación la energía que se pierde en el proceso. Este fenómeno fue descubierto, bautizado con ese nombre y estudiado por Marie y Pierre Curie en el cambio de siglo del XIX al XX.

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Un poco de ética

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En su Ética a Nicómaco, Aristóteles nos enseña cómo se puede adquirir y practicar la virtud. Así lo explica en uno de sus párrafos más conocidos: “Aprenderemos una habilidad haciendo repetidamente el producto que queremos hacer cuando la hayamos aprendido. Seremos constructores construyendo y arpistas tocando el arpa, de la misma manera que llegaremos a ser justos haciendo acciones que sean justas, moderados haciendo acciones moderadas y valientes haciendo acciones valientes”.

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Galileo Galilei

Galileo Galilei nació en Pisa en 1564. Su padre, aficionado a las matemáticas y a la música, quiso que fuera médico, que era ya entonces una profesión que permitía vivir bien desde un punto de vista social y económico. Dejándose aconsejar por su padre Galileo estudió medicina en Pisa, pero nunca llegó a graduarse. Como tenía una buena inteligencia pronto se dio cuenta de que en la universidad se leían muchos libros que tenían poco fundamento o eran malas traducciones al servicio de los poderes civiles y de la Iglesia, que, preocupada por la Reforma, se mostraba desconfiada ante cualquier tipo de cambio.

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