Whitehead: prehensión

Ya vimos en el artículo anterior que las entidades actuales según Whitehead son “las cosas reales últimas de las que se compone el mundo”, cuyo devenir, cuyo transcurrir, no  es continuo sino pulsado, como las gotas de agua que se escapan de un grifo o los cuantos de energía que describe la física cuántica.

Las entidades actuales no son independientes, sino que guardan entre si una relación interna, de manera que cada una de ellas representa a la totalidad de la naturaleza, pues como dice Whitehead, “reproducen  en cuanto microcosmos lo que el universo es en cuanto macrocosmos”. Estas entidades recuerdan a las mónadas de Leibniz, cada una de las cuales encierra todos los predicados que corresponden al sujeto y también los predicados verdaderos del mundo entero. Pero entre ambas hay dos diferencias importantes. La primera es que las mónadas no se comunican entre sí y la armonía que existe entre todas ellas se debe al orden preestablecido por Dios, mientras que las entidades actuales sí se comunican entre ellas tomando cada una datos de las demás. (Pensemos que estamos más allá del mundo cuático y en los fenómenos de entrelazamiento). La segunda diferencia consiste en que las mónadas son sustancias que devienen de forma continua pero son siempre las mismas, mientras que las entidades actuales  no son permanentes, sino que son perecederas y se van renovando de forma discreta. Al proceso en virtud del cual unas entidades actuales toman los predicados o los datos de otras y se van renovando, Whitehead lo llama Prehensión, con la intención concreta de diferenciarlo de la aprehensión.

Mediante la aprehensión el sujeto percibe la realidad y la interioriza o guarda en su cerebro como una imagen de lo percibido, creando así dos mundos paralelos que son la realidad y la imagen que él se ha guardado de ella. Whitehead no niega la aprehensión, pero nos dice que el proceso que siguen en su devenir esas gotas de la experiencia que son las entidades actuales es diferente.

Para entender lo que es la prehensión hay que diferenciar en ella al sujeto que prehende, del dato que es prehedido y de la forma subjetiva cómo el dato es prehendido por el sujeto.

Cada entidad actual es un acto de experiencia a partir de datos que capta de otras entidades mediante un proceso sentiente, pues no se trata de un proceso intelectivo sino afectivo, en virtud del cual la entidad que hace de sujeto toma los datos de otra entidad y los subjetiviza absorviéndolos en su propia constitución interna mediante un flujo de sensaciones. Podemos decir por lo tanto, que una entidad actual es una cosa que prehende, que siente datos en su entorno y se los apropia para que formen parte de ella misma. La entidad que prehende, el sujeto, está en proceso de devenir, y la otra, la que es prehendida, está en su pasado inmediato con relación al sujeto. De esta forma algunos datos del pasado se van incorporando al presente.  Aunque la entidad que prehende está en proceso de constituirse y para ello necesita ingerir o incorporar datos de su entorno, solo prehenderá aquellos que sean de su interés ignorando todos los demás. Debido a su mutua prehensión tenemos pues que las entidades actuales se implican mutuamente entre sí, y nos dice Whitehead que “todo caso particular de conjunción entre entidades actuales recibe el nombre de nexo”. Con esto tenemos ya definidas cuatro categorías de la existencia: las entidades actuales, la prehensión, las formas subjetivas y los nexos.    

Podemos considerar que todos los objetos que nos rodean, como un árbol o una casa, son nexos, pues ellos son los objetos de nuestra  experiencia. Bajo ciertas circunstncias cabe la posibilidad de que los nexos sean a su vez entidades actuales. Por ejemplo, visto desde cierto punto de vista, un árbol es un nexo de entidades actuales, pero desde otro punto de vista el árbol mismo puede desempeñar el papel de una entidad actual en la medida en que se relaciona de forma afectiva con otros árboles, formando así un nexo superior que sería el bosque.

Antes de pasar a la siguiente categoría de la existencia que son los objetos eternos, conviene recordar que las entidades actuales no son sustancias sino procesos, en un devenir no continuo que puede asimilarse a gotas de agua que se van formando y desapareciendo una tras otra con un comienzo y un fin, a cuyo término la entidad actual perece al tiempo que empieza el devenir de una nueva como resultado de un nuevo acto de experiencia y captando datos de otras entidades ya pasadas mediante un proceso sentiente denominado prehensión.

Esta prehensión que permite que la determinación de una entidad quede influenciada por el pasado se llama prehensión física y  no es la única que existe. Para Whitehead hay otro tipo de prehensión, que es la prehensión conceptual, que es la que le permite a la entidad actual no quedar anclada en el pasado y poder convertirse en algo nuevo dentro del cosmos. Mediante esta aprehensión conceptual la entidad actual en proceso siente o capta lo que Whitehead llama objetos eternos.

¿Qué son los objetos eternos? Los objetos eternos nos recuerdan a las ideas platónicas, en cuanto que son potenciales puros o cualidades específicas que nos ofrece el universo, abastracciones ideales. Los colores son objetos eternos, también figuras como ser redondo o piramidal, sensaciones como ser suave o tosco, hasta cualidades morales como ser cobarde o atrevido, entre muchas, muchas cosas más. Todo lo que percibimos y que distingue a una cosa de otra, es un objeto eterno. Los objetos eternos no actúan ni sienten pero hacen que las entidades actuales se diferencien unas de otras y puedan devenir en algo concreto y definido, aunque ellos mismos no devienen, son atemporales, razón por la cual Whitehead los llamó eternos.

Fotografía de cabecera: Pixabay

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