La muerte de Sócrates

Platón nos cuenta la muerte de Sócrates en las últimas páginas del diálogo FEDÓN. Sócrates está condenado a muerte por las autoridades democráticas de la ciudad-estado de Atenas acusado de corromper a la juventud y de impiedad hacia los dioses de la ciudad. Lo de corromper a la juventud está relacionado con despertar en los jovenes un espíritu crítico y lo de impiedad hacia los dioses con alguna irreverencia al referirse a ellos.

En contra de lo que podríamos pensar, Sócrates no está recluído en una celda con cerrojos, sino que parece estar en una sala abierta con varios amigos, por la que tambíen habían pasado con anterioridad algunos familiares. El ambiente es de tranquilidad y los amigos que lo acompañan son Simmias, Cebes y Critón. Hablan con calma de la cicuta, de la hora y el modo de tomarla, de cómo Sócrates podría eludir la muerte si quisiera , y, sobre todo, de la inmortalidad del alma.

Pero si el alma es inmortal tiene que ir a algún sitio, y por ahí empieza la conversación. Los antiguos griegos pensaban que cuando los cuerpos mueren las almas van a un lugar llamado Hades, un lugar poco explicado al que tampoco se le daba mucha importancia. En esta charla Sócrates y sus amigos dicen que cuando el alma se dirge al Hades lo hace guiada por el destino que asignado por alguna divinidad le cupo en suerte en vida, y es a lo largo de este camino cuando el alma es juzgada y sentenciada antes de llegar al Hades.

Estas rutas por las que las almas se dirigen al Hades no están fuera de nuestro planeta y las describen al modo de corrientes de ríos y lagunas bajo tierra. Las corrientes principales son cuatro: la mayor fluye en círculo y se llama Océano; enfrente de ella y en sentido contrario fluye el Aqueronte que llega a la laguna Aquerusíade, a donde van a parar la mayoría de las almas “para permenecer allí durante ciertos tiempos predeterminados, las unas en estancias más largas, y las otras menos, y de allí son enviadas de nuevo a las generaciones de seres vivos” ; el tercer río desemboca en una laguna “hirviente de agua y barro”  y después continúa hasta los confines del lago Aquerusíade sin mezclarse con él, para desmbocar en la parte más abajo del Tártaro; y el cuarto río se llama Estigio, tiene el color “como el del lapizlázuli ”  y atraviesa la laguna Estigia, donde cobra fuerzas para seguir hasta la laguna Aquerusíade por el lado contrario al Aqueronte, sin que su agua se mezcle con ninguna y sigue hasta dembocar también en el Tártaro. Este cuarto río es el que los poetas llaman Cocito.

Y con este escenario, utilizando el diálogo entre Sócrates y sus amigos, Platón pasa a explicarnos cómo son juzgadas las almas. La mayor parte de las almas sube en embarcaciones por el Aqueronte hasta la laguna Aquerusíade donde habitan purificándose y pagando las penas de sus delitos hasta ser absueltas o recibir honores según sus méritos, excepto aquellas cuyos delitos hubieran sido tan grandes como enormes sacrilegios o crímenes horrendos, en cuyo caso son arrojadas al Tártaro de donde no saldrán nunca, salvo que tras sus crímenes se hubieran arrepentido y hubieran vivido con remordimiento el resto de sus vidas, pues entonces son arrojados fuera del Tártaro y vuelven a la laguna Aquerusíade desde donde llaman a los que mataron u ofendieron injustamente en busca de su perdón. Si logran este perdón cesan entonces sus padecimientos, pero si no lo logran son enviados de nuevo al Tártaro.

Las almas que se distinguieron por su santo vivir se libran de pasar por estas regiones del interior y ascienden a “la morada pura”, también denominada por Platón en el diálogo Gorgias como la Isla de los Bienaventurados. Y además, “De entre ellos, los que se han purificado suficientemente por el ejercicio de la filosofía viven completamente sin cuerpos para todo el porvenir, y van a parar a moradas aún más bellas que esas”.

Platón es consciente de que todo esto es pura especulación y que tomarlo al pie de la letra no sería propio de un hombre sensato, pero nos dice también que “ existen esas cosas o algunas  otras semejantes en lo que toca a nuestras almas y sus moradas, una vez que está claro que el alma es inmortal”.

A continuación Sócrates decide ir a bañarse para evitar a las mujeres el trabajo de lavar un cadáver. Seguidamente le trajeron a sus tres hijos y entraron también la mujeres de su familia. Luego pasó el encargado de prepararle la cicuta para explicarle como iba a ser la ejecución y darle las ecomendaciones correspondientes, y volvió a salir de la habitación llorando tras decirle a Sócrates que era el hombre más noble, amable y mejor de todos cuantos habían pasado por allí. Entonces Sócrates pidió que le trajeran el veneno. Cuando tomó la copa en sus manos rogó a los dioses que su traslado al otro mundo resultara feliz y sin ningún estremecimiento y sin inmutarse, alzó la copa y la bebió de un trago. Según le habían recomendado, paseó hasta notar un peso en las piernas. Entonces se acostó y se tendió boca arriba hasta ir quedándose frio y rígido a partir de los pies en sentido ascendente. Cuando este efecto llegó al corazón dejó de existir. Mientras esto ocurría le dijo a Critón:

-Critón, le debemos un gallo a Asclepio. Así que págaselo y no lo descuides.

Figura de cabecera: La muerte de Sócrates, cuadro de Jacques-Louis David. En este cuadro, creo que Platón, que no estuvo presente en este momento histórico, es el que figura de espaldas a Sócrates a la izquierda de la imagen)

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