Apel y Benjamin

Con Apel y Benjamin terminamos la serie que hemos dedicado a la Escuela de Franckfort, también conocida por practicar lo que se ha llamado La Teoría Crítica, que tanta influencia tuvo en la segunda mitad del siglo veinte.

Karl-Otto Apel (1922-2017).- Como Haberman, Apel pertenece a la última etapa de la Escuela de Fránkfort. La importancia que la filosofía del siglo XX le da al lenguaje es enorme. Heidegger, en una metáfora muy acertada llegó a decir que “el lenguaje es la casa del ser”. Para otros, todo pensar, conocer e interpretar el mundo es posible solo porque el mundo se encuentra abierto y precomprendido desde siempre en el lenguaje ordinario e histórico de los hombres. Sin embargo el interés general que despertó el lenguaje en el siglo pasado tuvo dos motivaciones diferentes. Por una parte los filósofos continentales lo consideraron como la condición de posibilidad de la experiencia, como un a priori de toda la interpretación de la realidad del mundo, lo que en terminología de Aristóteles se podría llamar “una filosofía primera”. Esta orientación trascendental del lenguaje difiere de la de los filósofos analíticos, que lo valoraron con una orientación pragmática dejándolo en el ámbito del diálogo interpersonal. Para este punto de vista pragmático, el lenguaje es comunicar, hablar-a, tener relación con otros a través de sus signos. Apel y otros filósofos intentaron acercar ambas posiciones. Por una parte aplicaron una corrección pragmática al punto de vista trascendental ampliando el concepto de sujeto individual a una una especie de sujeto-coloquio, como un “yo soy yo en cuanto estoy en relación con los demás”. Un sacrificio lógico que implica el autosacrificio del individuo en favor de la comunidad. Y por otra parte aplicaron una corrección trascendente al punto de vista pragmático del lenguaje, a través de su proyección hermenéutica.

Apel propone una ética universal, “una macroética planetaria”, que regule los comportamientos públicos y privados, aunque entiende que esto no se ha hecho nunca por sus enormes dificultades tanto de hecho como de derecho. Él defiende una ética postkantiana con tres características esenciales: que las máximas o imperativos no se formulen de manera individual sino de forma democrático-consensual; que las normas concretas sean siempre revisables; y que la ética no se reduzca a acciones de buena voluntad, sino que implique también una responsabilidad, es decir, una valoración de las consecuencias de la acción moral. Apel formula un principio categórico de la siguiente manera: “Actúa exclusivamente según la máxima a partir de la cual tú puedas postular, en un experimento mental, que las consecuencias y los efectos secundarios que derivan presumiblemente de su universal observancia para la satisfacción de los intereses de todo sujeto concreto involucrado, puedan ser aceptados sin coerción en un discurso real -si éste pudiese ser debidamente comunicado – por parte de todos los sujetos afectados”.

Walter Benjamin (1892-1940), es un escritor alemán de origen judío, de cuyo pensamiento dijo Hanna Arendt que tenía cierta forma poética, aunque él no era ni poeta ni filósofo. Benjamín es considerado como integrante de la Escuela de Franckfort al menos de una forma periférica.
Hijo de una familia rica de Berlín, Benjamin tuvo una amplia formación universitaria pasando por diversas universidades europeas hasta 1925. Terminada su formación, aspira a un puesto académico que le dé estabilidad económica, pero cuando entrega el trabajo que tenía que presentar para su habilitación resulta rechazado. Entonces cambia de dirección e inicia una carrera como escritor independiente haciendo colaboraciones para revistas y para la radio. Practica la crítica literaria y traduce al alemán a Proust y a Baudelaire. Con este trabajo le va muy bien hasta 1933, cuando con la llegada del nazismo tiene que exiliarse. En ese momento los negocios de su familia van mal y empieza para él una vida de exilio y miseria económica. En su deambular viaja a París, Ibiza (isla que ya conocía), Svendborg (Dinamarca), donde vive su amigo Bertold Brecht, San Remo y vuelta a París. Colabora con el Instituto para la Investigación Social, donde trabaja su amigo Adorno del que recibe estabilidad económica. Sigue mandando colaboraciones con seudónimos pero Alemania lo detecta y le quita la nacionalidad. Con el estallido de la guerra es declarado en Francia como extranjero no deseado y huye hacia el sur pasando a España por Portbou (Gerona). Por no tener ninguna nacionalidad la Guardia Civil lo aloja en el hotel Francia y le dice que al día siguiente lo devolverá al otro lado de la frontera. En el hotel se suicida con un poco de morfina. El maletín que llevaba consigo contenía un reloj, una pipa, dos camisas, una radiografía y un manuscrito con el título “Sobre el concepto de la historia».

A partir de 1923, tras conocer a Asja Lacis, el marxismo se convierte en uno de los ejes de su pensamiento, aunque nunca se apuntó al partido comunista ni a ninguna otra agrupación. Sí viajó a Moscú para visitar a Asja, que estuvo allí hospitalizada durante un tiempo. Su visión de la historia es pesimista y cree que hay que limpiar al materialismo histórico de las impurezas de la ideología burguesa, rompiendo la idea de progreso que vende la burguesía. A Benjamin no le atrae la religión pero sí la teología, y está influenciado por los conceptos teológicos hebreos, hasta el punto de que dice que el materialismo no puede triunfar sin la teología, ni ésta sin aquel. Pero unidos ambos, se podrían ganar todas las batallas a los enemigos, que son el fascismo y el capitalismo. Para él, la reflexión filosófica hay que hacerla a partir de los objetos de la vida diaria, olvidando los rodeos que se dan a menudo por teorías u obras de arte clásicas. El pensamiento, absorbiendo todas las imágenes procedentes de la observación, debe formarse poco a poco y a posteriori. Esta inclinación concreta hacia las cosas cotidianas como punto de partida de la reflexión filosófica, huye de la utilización del método dialéctico de Marx y solo indica su concepción materialista del mundo. Los escritos de Benjamin invitan a veces a interpretaciones muy diversas, oscilando, incluso, entre posiciones excluyentes, en concordancia con la física del momento y el comportamiento de la materia, que se muestra como onda o partícula pero nunca de las dos formas a la vez.

Fotografía: Cuadro de Paul Klee llamado Angelus Novus, nombre que tomó Benjamin como título de una de sus obras

2 comentarios sobre “Apel y Benjamin

    1. Manolo, esto encaja en el modelo ético de Kant, que dice que tu puedes hacer cualquier cosa siempre que creas que pudiera convertirse en un postulado universal, pues si es así se supone que es algo bueno para todos. Lo que añade Apel es que ese postulado no puede ser enunciado de forma individual sino consensuado entre todos.

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