
Epicteto nació en el año 50 en la parte de Asia Menor de habla griega y murió en Nicópolis, al noroeste de Grecia, alrededor del año 120. En su infancia llegó a Roma como esclavo, condición que mantuvo hasta los 25 o 30 años. Cuando logró la libertad, o quizás antes, se dedicó a la filosofía dentro de la escuela estoica.
En el año 93 fue exiliado de Roma junto a otros filósofos por el emperador Domiciano y tras establecerse en Nicópolis fundó su propia escuela, a la que asistieron numerosos patricios romanos. Tras un gran éxito en vida, la difusión posterior de su pensamiento ha sido enorme, debido en gran medida a que lo hizo en forma de consejos prácticos para nuestro quehacer de cada día. Como ya hemos hablado del estoicismo en general, veamos ahora algunos de los consejos de Epicteto.
Dice Epicteto: “Siempre que planifiques una acción practica mentalmente lo que el plan implica. ¿Va usted a tomar un baño? Pues antes piense lo que va a encontrar en el baño. Gente que salpica, gente que empuja e incluso gente que insulta”. Trasladando esto a nuestro tiempo, cuando nosotros vamos camino del aeropuerto podemos pensar también en las varias colas y en las incomodidades que nos esperan. De esta forma al encontrarnos con dicha situación no nos sentiremos frustrados, y habremos cumplido nuestra voluntad alineados con la naturaleza.
Igualmente, al planificar cualquier acción tenemos que hacer recuento de las virtudes que vamos a necesitar: “Enfrentado al dolor, descubrirás el poder del aguante. Si te insultan, descubrirás la paciencia. A su debido tiempo, crecerás hasta confiar en que no hay una sola impresión para la que no tengas los medios morales para tolerarla”.
Hay que aprender a distinguir entre las cosas que podemos cambiar y las que no podemos cambiar. Sobre las primeras haremos lo posible por cambiarlas si lo consideramos necesario. Las segundas las aceptaremos tal como son, pues la naturaleza las habrá hecho así por alguna razón. Epicteto nos dejó esta frase: “Dios me concede serenidad para aceptar las cosas que no puedo cambiar, coraje para cambiar las cosas que sí puedo cambiar, y sabiduría para conocer la diferencia”.
Sobre los deseos, que es un punto importante para los estoicos, nos dice: “No desee que los acontecimientos le sucedan como usted pretende, al contrario, desee que los acontecimientos sucedan como tienen que suceder, y su vida será mejor”. Esto significa que no podemos pedirle al mundo que se adapte a lo que nosotros deseamos, sino que tenemos que ser nosotros los que tenemos que adaptar nuestros deseos a lo que el mundo nos ofrece.
Otro de los consejos de Epicteto se refiere a la fugacidad de las cosas: “En el caso de las cosas particulares que te gustan, o te benefician, o a las que has cogido cariño, recuerda lo que son. Empieza con cosas de poco valor. Si te gusta la porcelana, por ejemplo , di: Me gusta una pieza de porcelana. Así cuando se rompa no te sentirás desconcertado”. Bonita forma de decirnos que no debemos encariñarnos con las cosas. También podemos consolarnos pensando que “solo era una porcelana”.
Buscando la objetividad Epicteto nos propone lo siguiente: “Podemos familiarizarnos con la voluntad de la naturaleza al recordar nuestras experiencias comunes. Cuando un amigo rompe un vaso, decimos rápidamente “Oh, mala suerte”. Entonces resulta razonable que cuando se nos rompa a nosotros lo aceptemos con el mismo espíritu paciente”. No podemos aplicar distintos criterios según se trate de nosotros o de un amigo.
En otro consejo importante nos anima a que no hablemos demasiado de nosotros mismos: “En tu conversación no te detengas demasiado en tus logros o aventuras. Solo porque te guste contar tus gestas no significa que los demás obtengan el mismo placer de escucharlas”. Creo que esto tenemos que aplicarlo también a la exhibición de nuestros vídeos y fotografías.
Para Epicteto es importante que hablemos sin juzgar a los demás. Nos lo dice así: “ Algunos se bañan con prisa; no digas que se bañan mal, sino con prisa. Algunos beben mucho vino; no digas que beben mal, sino mucho. Mientras no conozcas sus razones, ¿cómo puedes saber que sus acciones son malas? Esto evitará que percibas una cosa con claridad, pero después expreses algo diferente”.
Epicteto es un gran defensor de que examinemos cada día nuestras acciones. “No admitas el sueño en tus tiernos párpados hasta que hayas evaluado cada uno de los hechos del día: ¿cómo he errado, qué he hecho o dejado de hacer? Empieza así y revisarás tus actos y entonces por los actos infames amonéstate, por los buenos alégrate”.
Todos estos consejos o ejercicios excepto el último están contenidos en una obra de Epicteto llamada Enquiridión, basada en una serie de conferencias informales del filósofo recogidas por su discípulo Arriano de la que solo nos ha llegado la mitad.
Ilustración de cabecera: Dibujo de Epicteto en el que se aprecia la muleta que llevaba a causa de su cojera