
Cuando Penrose y Hameroff publicaron su teoría recibieron muchas críticas provenientes de la comunidad científica. Entre ellas las más contundentes fueron las que dijeron que el cerebro es demasiado húmedo, cálido y ruidoso para que en su seno se pudieran generar fenómenos que siguieran las leyes de la física cuántica, razones tan evidentes que podían entender incluso los estudiantes de los primeros cursos de universidad.
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