La ciencia en Mesopotamia

Con frecuencia hablamos de la antigua Grecia tanto  cuando nos referimos a temas filosóficos como a temas relacionados con la Física. Al hablar de filosofía parece claro que el  pensamiento occidental nació en Grecia. No ocurre lo mismo con la ciencia, y, en concreto, con la astronomía o las matemáticas, que los griegos desarrollaron con acierto, pero basándose en los conocimientos y los datos que recibieron de culturas más antiguas que se desarrollaron entre los ríos Éufrates y Tigris, a las que, por no dispersarnos,  podemos nombrar como  los babilonios, en épocas anteriores al siglo  VIII adC, que como referencia podemos recordar que es el siglo del nacimiento de Homero.

Los babilonios creían que los cuerpos celestes eran dioses y como tales eran responsables de lo que pudiera ocurrirle a las personas. Por este motivo había que estudiar sus posiciones y sus movimientos en el cielo intentando relacionarlos con las penas y las alegrías de los hombres en la Tierra. Para ellos, la posición de los astros determinaba la vida de los individuos, y este determinismo astrológico los obligaba a consultar el cielo ante cualquier acontecimiento. Aunque estas creencias estaban muy extendidas entre todos los pueblos primitivos, los babilonios, con sus observaciones y sus tomas de datos, fueron sin duda los grandes astrónomos de su tiempo. Para observar mejor el cielo construyeron incluso torres escalonadas de hasta casi cien metros de altura, en una de las cuales está inspirado el relato bíblico de la torre de Babel, que tenía siete pisos porque eran siete los planetas que  ellos conocían, los mismos a los que dedicaron los siete días de la semana. De todas sus numerosas y valiosísimas informaciones nos dejaron constancia en cientos de tablillas.

En estas tablillas dejaron datos, por ejemplo, de las salidas y puestas del planeta Venus durante un ciclo de 21 años. Los babilonios fueron los primeros en registrar por escrito el carácter periódico de ciertos fenómenos astronómicos, y en aplicar el cálculo numérico para hacer previsiones. También dejaron por escrito información sobre los eclipes. La observación más antigua de un eclipse solar la hicieron ellos y ocurrió el 15 de Junio de del año 763 adC. Para todas estas observaciones utilizaban como unidad de medida de referencia la duración del día, que medían con clapsidras y gnomones.

Los babilonios crearon el sistema de numeración sexagesimal, que todavía conservamos, para dividir la circunferencia en 360 grados. La ventaja de dividir la circunferencia en 360 grados en lugar de 1000 radica en que el número 360 tiene 24 divisores, mientras que el número 1000 solo tiene 16, por lo que la base de 360 ofrece más posibilidades para dividir la circunferencia en partes iguales. El sistema sexagesimal lo utilizaron también para medir el tiempo, dividiendo el año en doce meses lunares de veintinueve o treinta días, el día en dos partes de doce horas, las horas en sesenta minutos y estos en sesenta segundos.

Al estudiar el movimiento relativo entre el sol y la tierra descubrieron lo que hoy sabemos que es el plano de la órbita terrestre, llamado ecliptica, aunque ellos lo interpretaron como el círculo recorrido por el sol en la bóveda celeste. Observando y midiendo el punto por el que salía el sol cada día pensaron que eso es lo que  daba lugar a las desigualdades en la duración de los días y las noches y a las estaciones del año. Hoy sabemos que estas diferencias se deben a que el eje Norte -Sur de la Tierra no es perpendicular a la eclíptica, como se muestra en la figura 1. También observaron que el plano de la órbita de la luna no coincide con la eclíptica, de donde dedujeron que los eclipses de sol solo eran posibles cuando en su recorrido orbital la luna atravesara la eclíptica.

Figura 1

Constelaciones que hoy conocemos, como Leo, Tauro, Escorpio, Géminis, Capricornio y Sagitario fueron también  observadas y definidas por los babilonios.

Los babilonios supieron apreciar dónde se encontraba la ciencia, diferenciándola de lo que llamaban pseudociencia utilizando para ello el criterio de utilidad, concluyendo que si la ciencia era útil y tenía efectos positivos para los hombres había que invertir en ella tiempo y dinero, y que había que condenar a los que practicaban una pseudociencia con la que solo buscaban su propio enriquecimiento. Y cuando leemos la siguiente descripción sobre la ciencia hecha lor los babilonios nos parece que estamos leyendo un documento actual: El procedimiento científico necesita de la observación y la experimentación; la ciencia facilita la prognosis y gracias a ella podemos predecir algunos fenómenos; los datos procedentes de la observación hay que guardarlos para que puedan ser aprovechados por otros; la ciencia se construye conceptualizando lo que se va descubriendo, ordenando conceptos, creando vocabulario y clasificando los nuevos conocimientos; y las matemáticas, que también ellos desarrollaron, constituyen una herramienta imprescindible para el desarrollo de la ciencia.

Este amor por la ciencia se refleja en algunas tablillas que han llegado hasta nosotros. Ana Minecan nos muestra una de ellas en la que un padre va dando consejos a su hijo con frases como las siguientes. “Por qué te quedas aquí sin hacer nada. Anda vete a la escuela, preséntate al maestro y recita tu lección”. “No pierdas el tiempo en la plaza ni vagabundees por las avenidas”. “Piensa en las generaciones de antaño, frecuenta la escuela y sacarás un gran provecho”. Como vemos, no le acoseja que vaya a la escuela para ganar más dinero, sino porque la escuela, le dice con un tono amable, “transforma al loco en sabio”

Fotografía de cabecera.- Tablilla babilónica

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