Sobre las ideologías

El primer filósofo que utilizó el término ideología fue el francés Antoine Destutt de Tracy (1754-1836), que lo acuñó en una de sus publicaciones en 1796. Para él las ideas son fenómenos u objetos naturales que expresan las relaciones entre el hombre y el mundo en el que vive, y por eso, en tanto que objetos, las ideas pueden ser estudiadas por una ciencia que analice su origen, la naturaleza de su contenido o las leyes que las rigen. A esta ciencia la llamó ideología o ciencia de las ideas.

Para Karl Marx (1818-1883) las ideologías son importantes. Para él la sociedad está construida sobre los cimientos de sus modos de producción, que transmiten su condición específica a todas las demás estructuras sociales, culturales, religiosas, o políticas. De esta forma las estructuras productivas se ven reflejadas en una superestructura social, de la que, a su vez, reciben su legitimación.  Por otra parte, para Marx “no es la conciencia del hombre la que determina su ser, sino que, por el contrario, es el ser social lo que determina su conciencia”. Con estas premisas concluye que las ideologías son algo así como un velo que las superestructuras, la clase dominante, pone ante las conciencias impidiendo que tengan una visión directa y certera de la realidad. De estas personas así engañadas podemos decir que no saben lo que hacen pero lo hacen, pues hay una falta de conciencia en su quehacer de cada día. Marx se refiere aquí a las superestructuras creadas por el capitalismo, y lo que él pretende hacer es descorrer ese velo para liberar al hombre de su ceguera.

Louis Althusser (1918-1990) discrepa de los planteamientos de Marx, porque dice que la perspectiva de los modos de producción no tiene nada de ideológico, y que, en consecuencia, no puede manifestarse en las superestructuras de la sociedad que hemos mencionado, pues quienes actúan sobre éstas son los aparatos que trabajan con las ideologías a nivel de estado.

Para Althusser la ideología no tiene historia, aunque sí puede encarnarse en ideales históricos particulares como el capitalismo o el feudalismo. Lo que el individuo trata de pensar es transhistórico y tiene una existencia material por cuanto que tiene que ver con la materialidad de su propia existencia, con la materialidad del mundo. No es una cuestión teórica o especulativa, sino una toma de conciencia relacionada con nuestros actos, los cuales están insertos en prácticas materiales. Alhuser rechaza la noción de ideología entendida como ideas en la cabeza de cada cual. La ideología es una representación imaginaria de los individuos motivada por sus relaciones con las condiciones reales de su existencia. Por eso nadie está fuera de la ideología.

Slaboj Zizek es un filósofo esloveno nacido en 1949 en la antigua Yugoslavia. Zizek conoce el planteamiento de Marx, pero también el de la conciencia cínica de Slotterdijk que dice que el sujeto al que Marx se refiere sí es consciente de la distancia que existe entre la realidad social y su percepción por las conciencias a través del velo de las ideologías, y que, sin embargo, no tiene interés en quitarse la máscara que le impide ver la realidad. Si el sujeto de Marx no sabe lo que hace pero lo hace, el sujeto cínico de Slotterdijk sabe muy bien lo que hace y, sin embargo, lo hace, eligiendo así quedarse con el velo y la mistificación.

Todo esto le plantea a Zizek la necesidad de hacer una crítica de la ideología y se pregunta dónde está la ideología: ¿Está la ideología en el saber o en el hacer? Para Zizek la ideología no es un discurso que oculta la verdad a la gente como decía Marx. Él coincide con Althusser en la naturaleza material de la ideología y cree que la verdadera ideología está en el hacer. Cuando Zizek habla de una creencia ideológica, no se trata de una creencia en la cabeza, como algo interior, sino algo exterior plasmado en la práctica. La ideología no funciona en el nivel del saber sino en el del hacer de las acciones de la vida diaria. Hay una ideología espontánea en todo lo que hacemos. Y además, dice Zizek, la ideología que esa práctica encarna se asimila de forma inconsciente. Por eso, aunque no se produce un engaño buscado y consciente como decía Marx, sí se produce falsedad porque la gente actúa bajo una ilusión ideológica y la ideología distorsiona la propia realidad social en la que actuamos.

Como la ideología no tiene nada que ver con el saber pero sí con el hacer, siempre hay ideología en lo que hacemos cuando desarrollamos nuestro papel en la sociedad, pero no solo por el contenido de lo que hacemos sino también por el hecho de representar nuestro papel, poniendo ilusión en nuestra actividad al darnos cuenta de que nuestro papel se integra o forma parte de rituales más amplios incluso a nivel de estado. Rehaciendo la frase que venimos repitiendo diríamos que ellos saben que en su actividad siguen una ilusión pero aun así la hacen.

Otro punto importante de las ideologías está relacionado con el deseo. Para Zizek la ideología configura nuestros deseos y la realidad los domestica adaptándolos a su facticidad. Cuando dice que nuestros deseos están estructurados ideológicamente quiere decir que su materia prima es ideológica. La única manera de romper el poder de nuestros sueños ideológicos es hacer frente a lo real de los deseos que se anuncian en esos sueños, haciéndonos cargo de ellos para separar que hay de auténtico en esos deseos de lo que nos quieren imponer desde fuera.

En general sucede que nuestra ideología está vinculada a un Partido Político, una Nación o a algo que podemos denominar con el nombre genérico de  Otro. En ese supuesto queremos que ese Otro nos necesite haciéndonos objeto de su deseo. El problema es que no sabemos lo que el Otro desea de nosotros, porque con ese Otro ni siquiera tenemos un vínculo directo que nos sujete a Él de forma determinante. Pero para que el Otro cuente con la lealtad de los sujetos bajo su dominio, dice Zizek, el deseo tiene que recibir alguna satisfacción, tiene que haber goce. Un goce que el sujeto puede sentir como recompensa a su fidelidad. Sin embargo el sujeto no tiene forma de saber si el Otro comparte ese goce, y tiene que imaginárselo con su propia fantasía. Pero resulta también que el Otro no existe como tal, la Nación o el Partido no es algo que esté en algún sitio, aunque sin duda ejercen sobre nosotros un poder que es real. Pero el hecho de que esos Otros no respondan a una realidad palpable no supone ningún fracaso, sino todo lo contrario, por cuanto significa que están por encima de nuestro mundo de cada día, y Zizek los califica de sublimes. Nuestra ideología queda así vinculada a algo sublime. Por eso resulta difícil discutir de ideología con quien está sometido a diferentes Otros que nosotros, y criticar posturas políticas desde la razón intentando desmitificarlas nos lleva casi siempre al fracaso.   

Terminemos con una cita de Zizek: Una ideología “se apodera de nosotros” cuando no sentimos ninguna oposición entre ella y la realidad -a saber, cuando la ideología consigue determinar el modo de nuestra experiencia cotidiana de la realidad«.

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